Las animaciones para cenas de empresa que funcionan cumplen una regla: no rompen el servicio. Una cena tiene un ritmo que no decide quien la organiza, lo marca la cocina, y cualquier juego que obligue a levantarse a todo el grupo se lo come. Lo que sí encaja se juega con la mesa como equipo, se puede parar cuando llega un plato y tiene a alguien al micro que abre y cierra cada prueba; sin esa voz, cada mesa va a su ritmo y media sala se pierde el final.
Hay cenas en las que el juego se nota desde que llega el grupo y cenas en las que se queda en una mesa mientras las demás miran el móvil. Casi nunca es culpa del formato, porque lo que falla es el momento en que se coloca y lo que se habló con el restaurante la semana anterior. Lo que sigue va por momentos, con los juegos por mesas que preparamos en Acuilae y con otras animaciones que no hacemos nosotros, como un mago de cerca o una cata con sumiller.
Desde que llega la gente hasta que sale el primer plato pasa un rato que cada restaurante lleva a su manera, y es el momento de lo que pide espacio o manos libres: lo que obliga a moverse se queda aquí, antes de la mesa. El taller de coctelería funciona como aperitivo: cada equipo crea, nombra y presenta su cóctel con un bartender, y lo preparado se toma allí mismo. Hay versión sin alcohol para quien conduce o no bebe. Pide una zona aparte con mesas de trabajo, y esa es la primera pregunta para el local.
Cuando el grupo prefiere cocinar su propia cena, el MasterChef para empresas sustituye al restaurante: los equipos cocinan ante un jurado y después cenan lo que han preparado.

En Navidad, la gymkhana navideña por la ciudad se puede diseñar para terminar en la puerta del restaurante, y el grupo llega a la cena ya repartido en equipos. Un photocall con realidad aumentada en la entrada ocupa un rincón mientras la gente llega.
Un formato pensado para este momento de la cena es Misterio entre Platos. Parte de un robo de arte real, el del museo Isabella Stewart Gardner de Boston, cuyas obras siguen sin aparecer. Cada mesa es un equipo de detectives que analiza pistas y resuelve retos con realidad aumentada entre un plato y el siguiente. Hay actores en la sala que mueven la historia, y las pruebas se colocan con el responsable de sala para que caigan en los cambios de plato. En la historia no hay ningún asesinato, un detalle que importa cuando cenan clientes o familias.
Para diciembre existe la versión navideña, Salva la Navidad. Cada mesa recibe un kit con enigmas, postales con acertijos y retos con realidad aumentada para recuperar la lista de regalos de Papá Noel; encaja sobre todo en grupos medianos. Los dos piden poco al local: una pantalla con sonido para los vídeos de arranque y cierre, y que el personal de sala sepa que hay un juego en marcha. Como los viernes de diciembre son los primeros en agotarse, la cena de empresa de Navidad se cierra en otoño.

La sobremesa es el momento de los formatos con presentador, porque ya no hay platos que esperar. El quiz tipo concurso de televisión se responde desde el móvil, con preguntas sobre la empresa mezcladas con otras de cultura general. Se puede hacer en cualquier comedor que tenga micro y pantalla.
El bingo musical cambia los números por canciones: cada mesa marca en su cartón el tema cuando lo reconoce, y entre canción y canción entran retos extra. Suele ser el que mejor aguanta una sala ruidosa, porque la música manda sobre la conversación. Furor es el más exigente con el espacio y con el grupo, porque cada equipo tiene un atril con pulsador y hay karaoke, bailes y caricaturas que adivinar. Los tres necesitan sonido, y el quiz y Furor, además, una pantalla; lo que falte en el restaurante lo llevamos.
No todo tiene que ser un concurso. Hay animaciones de toda la vida que siguen funcionando en una cena de empresa aunque no las hagamos nosotros. Un mago de cerca que pasa mesa por mesa entre plato y plato es la que menos pide al local, porque no necesita sonido ni pantalla ni cambia el servicio. Una cata con sumiller, de vinos, de aceites o de quesos, encaja en el aperitivo o como primer plato guiado. En la sobremesa, la música en directo o un DJ convierten el comedor en fiesta, y un monologuista de quince minutos funciona justo después de los discursos.
Cada una se contrata con el artista o con su agencia, y al pedir precio preguntad lo mismo que nos preguntaríais a nosotros: cuánto dura, cuántas mesas cubre en ese tiempo, qué necesita del local y si cobra desplazamiento. Un mago de cerca tarda, como orientación, entre cinco y diez minutos por mesa; con veinte mesas no llega a todas en un solo cambio de plato y hay que repartirlo entre dos cambios de plato. Dos animaciones al mismo tiempo se estorban. Un mago entre platos y un bingo en la sobremesa se complementan; un mago y un quiz a la vez, no.
La tabla ordena las animaciones para cenas de empresa por momento, con el aforo de cada formato y lo que suele pedir al local.
| Momento de la cena | Formato | Qué pide al local |
|---|---|---|
| Al llegar | Taller de coctelería (hasta 300) | Una zona aparte con mesas de trabajo |
| Al llegar | Gymkhana navideña por la ciudad (hasta 500, 2 h) | Nada: se juega por la calle |
| Al llegar | Photocall con realidad aumentada, caricaturista o fotomatón | Un rincón en la entrada |
| Al llegar | Cata con sumiller | Copas y una mesa de servicio |
| Entre platos | Misterio entre Platos (hasta 300, lo que dure la cena) | Pantalla con sonido para los vídeos y aviso a sala |
| Entre platos | Salva la Navidad (hasta 90) | Pantalla para los vídeos; los kits van sobre la mesa |
| Entre platos | Mago de cerca por mesas | Nada: pasa mesa por mesa |
| Sobremesa | Quiz con presentador (10-500, 1 h a 1 h 30 min) | Micro y pantalla |
| Sobremesa | Bingo musical (10-500, 1 h 30 min) | Micro y altavoces |
| Sobremesa | Furor (hasta 60) | Micro, pantalla y sitio para los atriles |
| Sobremesa | Música en directo, DJ o monologuista | Sonido y un rincón para el artista |

Una cena de Navidad de 120 personas en el salón privado de un restaurante de Madrid, con doce mesas de diez, es el caso típico de Misterio entre Platos (otras opciones de diciembre, en la guía de actividades de team building en Navidad). Con el maître se fija que la primera prueba se abra con el comedor sentado, la segunda al retirar el primer plato y la resolución con el postre; los actores entran con el segundo plato. Ojo con esto: los camareros no saben que hay juego y retiran los sobres de pistas con los platos. Un aviso de dos frases al personal de sala lo evita.
En una cena de cierre de convención, con 300 personas de varias delegaciones en el salón de un hotel, encaja un quiz en la sobremesa con preguntas sobre las ponencias y sobre cada delegación. La megafonía del hotel sirve, con su técnico, y la pantalla ya está puesta desde la mañana. El fallo habitual es que los discursos se alargan cuarenta minutos y el concurso arranca pasadas las doce, cuando la gente ya se levanta; funciona mejor entre el postre y el café, con discursos de diez minutos.
Un equipo de 30 personas en el reservado de un restaurante sin pantalla ni micro no necesita un concurso. Si el reservado tiene una mesa larga de trabajo, un taller de coctelería como aperitivo y un mago de cerca entre el segundo plato y el postre llenan la noche; sin esa mesa, los cócteles se preparan en la barra del local, y eso se acuerda con el barman.
Las animaciones para cenas de empresa se acuerdan con el restaurante antes de cerrar el formato. Hace falta saber a qué hora se puede entrar, porque los kits y los atriles se colocan con el comedor vacío y el montaje lleva entre una hora y hora y media según el formato. Después, cuántas mesas habrá y de cuántas personas, porque un comedor con mesas de 6 juega distinto que uno con mesas de 12: con mesas pequeñas salen muchos equipos y las pruebas se acortan; con mesas de 12 hay que repartir papeles para que no jueguen solo tres.
Con el responsable de sala se acuerda cuándo saldrán los platos y quién avisa a quién durante la cena; en la práctica funciona que el maître haga una señal al presentador antes de sacar cada plato. En un salón de hotel hay otra variable, el sonido, porque muchos salones tienen megafonía propia y hay que saber si admite conectar nuestro equipo o si se usa la suya con su técnico, que algunos hoteles cobran aparte.
Casi todos se evitan con una llamada al restaurante antes del día. Si dudáis entre dos formatos, el que menos pida al local es el que arrancará a su hora.

La escribe Pedro Diezma, fundador de Acuilae, con el equipo que monta las actividades desde 2004.
En los juegos por mesas y los concursos, el precio va de 19 a 59 € por persona según el número de comensales, el lugar y la fecha. En una cena pesan sobre todo la fecha, porque diciembre concentra la demanda, y el número de mesas, que marca cuántos kits y cuánto personal hacen falta. Nosotros ponemos el formato, el material y el personal; el restaurante y el menú los elegís vosotros, y el juego no añade nada a la cuenta del local salvo que haga falta su técnico de sonido. Un mago, una cata o un grupo de música tienen su propia tarifa. En la guía sobre cuánto cuesta un team building explicamos qué mueve la cifra.
Sí, con un formato por mesas como Misterio entre Platos o Salva la Navidad: las pruebas se abren entre plato y plato y nos coordinamos con el equipo de sala antes de que entre el grupo.
Un juego en la propia mesa, un mago de cerca que pasa por las mesas o una cata con sumiller, porque piden muy poco al local. Para un quiz o un bingo, el sonido y la pantalla los llevamos nosotros.
Se recorta por pruebas, no por mesas: el presentador salta una ronda y la resolución se juega igual con el postre. Para eso acordamos con sala una señal antes de sacar cada plato.
Sí. Los mismos formatos se usan en cenas de cierre de convención o comidas de fin de proyecto; solo cambia el tema de las preguntas y de las pruebas.
El taller de coctelería tiene versión sin alcohol y el resto de formatos no gira en torno a la copa; nadie se queda fuera por no beber.
Sí. En Misterio entre Platos los actores entran como si fueran personal o invitados y el maître tiene que saberlo para no pararlos. También avisamos si cenan clientes o familias, porque el guion cambia de tono.
Con el número de comensales, el restaurante y si el local tiene micro y pantalla sabemos qué entra en vuestra cena sin tocar el servicio. Si pasáis de 100 personas, la guía de team building para grandes grupos explica el reparto de mesas y equipos. Si lo que dudáis es si hacer cena, la de alternativas a la cena de Navidad de empresa compara las otras opciones de diciembre.

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